La obesidad extrema implica perder entre 10 y 20 años de vida

sábado 27 de marzo de 2010



La película Super Size Me es un documental estadounidense de 2004 en la que el productor, director y protagonista, Morgan Spurlock, se somete a una dieta a base exclusivamente de alimentos elaborados por McDonald’s. Durante 30 días, y a medida que transcurre el experimento, Spurlock aumenta desmedidamente de peso, padece depresión, letargo, dolor de cabeza y un deterioro generalizado de su salud.

Finalmente, Spurlock llega al día 30 y logra su objetivo pero, como consecuencia de esta expiencia, obtiene un daño irreversible en su hígado y la posibilidad de sufrir un ataque al corazón, por más que adelgace todos los kilos ganados durante la filmación.

Este experimento documental se encargó de explorar la influencia de las industrias de comida rápida en la vida de miles de personas, y las tremendas consecuencias que trae para la salud de la población. Marcando un paralelismo local, la ingesta de comida rápida tiene una gran presencia en nuestro país y sobre todo en la vida de miles de chicos y jóvenes que, en muchos casos, pasan mucho tiempo solos en casa debido el ritmo laboral de sus padres y son los encargados de su propia alimentación, suplida en base a grandes dosis de hidratos de carbono y comida rápida.

Consultada por Hoy, Claudia, una nutricionista de nuestra ciudad, dijo “esta es una gran realidad. Se prioriza mucho el sabor por sobre la calidad de los alimentos. Restan valores en el hogar para que el chico tome conciencia en cuanto a su propia alimentación”.

Y agregó: “Se tiene una actitud demasiado presentista y no en cuanto al porvenir. Nos quedamos en resultados inmediatos y no en la importancia que la alimentación va a tener para el futuro de los chicos. Las familias viven corriendo y también falta gente representativa a nivel sociocultural que eduque en cuanto a la importancia de una alimentación sana”.

Sumada a la perspectiva local, la obesidad infantil tiene una gran incidencia en otras partes mundo. Así lo demuestra una investigación resiente publicada en la revista Journal of Pediatrics, realizada a más de 700 mil niños y adolescentes en el sur de California. Este estudio comprobó que más del 6%, o sea 45 mil menores, eran extremadamente obesos, y son más los niños que las niñas los que tenían problemas de sobrepeso.

En cuanto a esta perspectiva, la nutricionista señaló que  “hay factores culturales y sociales que así lo demuestran. Hay mayor incidencia de obesidad en los niños en la medida en que las niñas tienen mayor control en cuanto a su peso desde edad una edad temprana. Ellas adquieren más tempranamente mucho más cuidado en cuanto a su aspecto estético y al control sobre su propio cuerpo. El niño, en este sentido, es más libre en cuanto al control de su propio peso”.
Por otra parte, el informe revela otro dato preocupante. La “obesidad extrema” está en aumento en casi todos los grupos; ya afecta al 7% de los niños y al 5% de las niñas, al igual que a poco más del 2% de todos los chicos menores de 5 años.

En este sentido, Corinna Koebnick, investigadora española de Kaiser Permanente, indicó que “los niños que son extremadamente obesos podrían seguir siendo extremadamente obesos de adultos y todos los problemas de la salud asociados con la obesidad estarán en su futuro”, y agregó que “sin grandes cambios en su estilo de vida, estos niños podrían tener una vida entre 10 y 20 años más corta y desarrollarán problemas propios de los 60 años entre los 20 y los 30”.

Otro punto declarado en el informe indicó que dos tercios de los adultos estadounidenses sufren sobrepeso u obesidad y un tercio de los niños son obesos, lo cual aumenta el riesgo de contraer enfermedades cardíacas, diabetes y otras enfermedades crónicas. Además, este problema le cuesta 150 mil millones de dólares al año al sistema de salud estadounidese.

El problema nutricional

Las políticas económicas locales, que insisten en mantener al 40% de la población bajo la línea de pobreza, con familias que sobreviven de la inanición por intermedio de un plan asistencial o de la comida que ofrecen a diario los comedores escolares, remarcan las carencias estructurales de un sistema que obliga a amplios sectores de la población a vivir en situaciones de necesidades básicas insatisfechas y desnutrición.

Sumada a la falta de alimento, está la mala alimentación de muchas familias que se ven obligadas a seguir una dieta pobre y desvalanceada, sustentada principalmente a base de hidratos de carbono, debido a su bajo costo, su rápida absorción y saciedad, y a la rapidez que implica su preparación.

Consultada sobre las políticas de Estado en cuanto a nutrición, Claudia sugirió que “tendrían que implementarse con obligatoriedad en los colegios. Pero no por ello tendría que desaparecer la comida chatarra. Tendría que estar la opción de poder comer sano si se quiere, como por ejemplo incluyendo caldos, yogurt, ensalada de frutas, entre otras. Sería muy importante que se charle, aunque sea una hora por semana, sobre la importancia de una buena nutrición. Creo que lo didáctico sería un buen trampolín para inculcar sobre los más chicos los aspectos que implica una sana nutrición”.

 Fuente: Diario Hoy

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