7 Claves para entrenar en el gimnasio

viernes 7 de mayo de 2010

Evitando estos hábitos lograrás maximizar el rendimiento en el gimnasio.

Una vez asimilado este punto, y tras acudir religiosamente más de dos días a la semana (lo considerado por los expertos como frecuencia mínima para lograr una forma física aceptable), llega el momento de subirse al pedestal… de la báscula, ojo. Porque a menudo los dígitos que aparecen no hacen sino echar por tierra el ánimo y los buenos propósitos.

¿Cómo es posible que no haya adelgazado como debería si no me salto una clase? ¿Y por qué me tiemblan las carnes cuando he hecho de las pesas mis compañeras inseparables?

Quizá no estés aprovechando tu valioso tiempo como debieras. Aquí tienes una lista de algunos culpables del boicot a tu puesta a punto. Son un ejemplo de lo que jamás debes hacer si quieres progresar.

Antes de seguir leyendo, ten claros tus objetivos y transfórmalos en reglas sagradas. Por ejemplo, para presumir hay que sufrir... y sudar; si quieres perder grasa, es fundamental apuntarte al deporte aeróbico; si te matriculas por primera vez, inscríbete en una clase que te obligue a seguir una continuidad...

las 7 claves para que tu paso por el gimnasio tenga un final feliz :

1- Calentar más de la cuenta

No te confundas, calentar no es sinónimo de tiempo para cotillear con fulanita o menganito sobre el entrenador o el horror que es el conjunto de menganita.

Este gesto es fundamental para evitar tirones y lesiones, pero si te ejercitas regularmente bastan diez minutos (si eres novata, añade cinco más).

Eso sí, no dejes ningún grupo muscular fuera de la rutina del entrenamiento y nunca hagas rebotes con cada movimiento que realices.

2- Relacionarse demasiado

Olvídate de escoger una actividad afín a tu personalidad. ¡No estamos locos! Si eres una persona extrovertida y habladora, mejor ni te asomes a una clase de baile, por ejemplo.

Seguro que lo pasas estupendamente… entre risas, comentarios y poco ejercicio. Si lo que quieres es que te cunda, escoge spinning, step o body pump.

Cualquier actividad que no dependa de tu relación con tus compañeros. Diferente sería que quieras ir al gimnasio para hacer amigos.

3- Es imprescindible parar un rato entre cada serie (sobre todo si hablamos de ejercicio anaeróbico, es decir, mancuernas, abdominales, aparatos de gimnasio, etc.).

En este punto, menos es más: el descanso te ayuda a reponer la tonicidad del músculo y a no saturarlo.

Si no lo haces corres el riesgo de lesionarte. Y, por supuesto, de sufrir sobredosis de agujetas. Eso sí, el tiempo lo marca tu monitor en función de tus condiciones físicas.

4- Nada de rutinas    

Si no te guías por una pauta, tu plan “puesta a punto” está muerto.
O tienes mucha fuerza de voluntad o cuando realices una actividad individual (por ejemplo, en la sala de máquinas, en la cinta de correr o en la bicicleta elíptica) necesitarás la “chuleta” del entrenador.
Ya sabes, ese papelito donde éste anota tus deberes para los próximos días.

Si él no está cerca, planifica antes de empezar tus objetivos y trata de cumplirlos. Sólo así, una vez avances, te sentirás con energía para seguir.

5- Eternizarte en el ‘spa’                        
Lo sentimos: el spa es únicamente un premio que puedes autoregalarte si te portas bien. ¿Acudir al gym para sumergirte únicamente en el baño turco?

En realidad, el concepto spa dentro de un centro de fitness está pensado para intensificar resultados deportivos: La sauna y el baño turco te ayudan a eliminar toxinas después de haber activado tu metabolismo con ejercicio aeróbico (tu organismo estará más receptivo) y contribuirán a que te relajes.

Los chorros y el jacuzzi suavizan la tensión muscular. Los cambios de temperatura de duchas y pozos de agua mejoran la circulación sanguínea.

Ahora bien, que además de efectivo el spa es placentero, no cabe duda. Disfruta de él el tiempo que quieras, pero no lo incluyas en el horario destinado para tu sesión deportiva. Aprende a diferenciar el placer del esfuerzo.

6- Hacer cola en la sala                        

Si la sala de máquinas está a rebosar, cambia el chip. ¿Por qué no te metes en una clase de una actividad diferente y te diviertes con la novedad mientras quemas calorías? ¿O te dedicas a realizar calentamientos, estiramientos o ejercicios de respiración?

También puedes dirigirte a la zona de  mancuernas, que suelen ser las grandes olvidadas. O preguntar al monitor de sala qué aparato obtiene resultados similares a los que buscas.

No existe aparato insustituible. Es más, muchos ejercicios pueden ser realizados sin ayuda del entrenador.

7- Evitar las sesiones largas              

Es preferible realizar menos repeticiones con mayor peso (cuidado, siempre adaptado a tus condiciones físicas, no por encima) que levantar pocos kilos y eternizarse en la sesión.

De la misma forma, si quieres ganar tiempo en la bicicleta, alterna pedaleo suave y rápido con otro que oponga resistencia.

Tiene lógica: mover las piernas frenéticamente sin demasiado esfuerzo te ayuda a estilizar tus extremidades inferiores; hacerlo despacio con mucha resistencia aumenta la musculatura.

Fuente:  Miarevista.es

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