Cirugia estética y sus riesgos

El médico cirujano Rogelio Lamas habló con nosotros de un tema que está en auge: la belleza de la mujer, incluso cada vez a más temprana edad, sin tener en cuenta a veces los riesgos que ello implica si no se acude al profesional adecuado
Es muy probable que cuando Oscar Wilde escribió "Retrato de Dorian Gray", en 1890, no haya imaginado que, poco más de un siglo después, las pretensiones de eterna juventud de su protagonista podrían lograrse sin necesidad de que éste diera su alma a cambio. Hoy, quienes desean retrasar el paso del tiempo tienen una amplia gama de posibilidades, pero muchos parecen no conformarse nunca.
Aunque tomar la decisión de intervenirse quirúrgicamente conlleva sus riesgos. Y en los últimos tiempos estos temas salen cada vez más a la luz especialmente en los medios de comunicación, cuando los resultados no son los esperados o cuando los pacientes no toman las precauciones necesarias al hacerlo.
Es que, encarar una intervención quirúrgica que cambiará nuestro aspecto físico, es una de las grandes decisiones que cualquier hombre o mujer pueden tomar, y no estar al tanto de todo lo que se debe tener en cuenta puede generar el efecto adverso al buscado.
El doctor Rogelio Lamas, prestigioso en nuestra ciudad por su larga trayectoria y una vasta experiencia en cirugías estéticas, fue consultado por Actualidad para conocer su opinión con respecto al tema.
- ¿Cómo se clasifica la cirugía?
La cirugía plástica es una rama de la cirugía general. Uno debería tener una formación global en este ámbito para orientar la especialidad. La farandulización de la cirugía la muestra como algo muy seguro, de fácil acceso, de resultados inmediatos, y no es así, ya que conlleva todos los problemas vinculados a cualquier tipo de intervención quirúrgica. Y más allá de tomar todos los recaudos, y de minimizar los riegos, nadie puede asegurar que en el acto operatorio no surjan complicaciones.
Concretamente, la cirugía plástica tiene dos vertientes: una es la reparadora o reconstructiva, y la otra la estética, la de la belleza. La primera trata de rehabilitar secuelas de pacientes que han sufrido, por ejemplo, quemaduras que limitan el funcionamiento de los miembros o de la cara. Luego, al mejorar inicialmente la función y el aspecto cicatrizal, va a redundar en un beneficio estético. También está el caso de las cirugías por malformaciones congénitas, entre otras.
- ¿Por qué en algunos casos los resultados no son los esperados o surgen complicaciones?
En mi caso personal cuento con una larga trayectoria. Empecé hace 22 años realizando cirugía general. Asistía a una gran fundación de cirugía plástica en la que un gran profesional, Luis María Ripetta, me incluyó en esto, y yo lo incorporé a él como referente. Siempre digo y sostengo que uno es un educando permanente, nunca debemos dejar de tener un maestro como referente. Eso me da un aval, estoy haciendo lo que me enseñaron, sin innovar o improvisar. Y cuando se presentan complicaciones en una práctica quirúrgica, surgen las dudas acerca de si conviene hacerse una cirugía o no, pero no se puede descalificar a aquellos que deciden hacerlo.
- ¿Cuál es el procedimiento que un paciente debe llevar a cabo antes de la intervención?
Aquí llegan pacientes con propuestas vinculadas a defectos de nacimiento, su nariz, los pabellones auriculares, la caída de párpados, flaccidez cutánea de la cara, y demás. Pero hay casos puntuales donde uno debe establecer si detrás de determinadas cirugías, a la que ha apostado parte de su autoestima y su futuro, hay una realidad o se encubren otras cosas. Es decir, determinar cuál es la expectativa de esa cirugía, porque si el objetivo que se pretendía no se cumple, se da como no satisfactorio el resultado. Por lo tanto, el médico debe ir más allá de lo clínico e interiorizarse en el aspecto psíquico.
Yo no soy partidario de forzar una situación. La persona viene y consulta, pero la decisión la toma ella. Tiene que tener certeza y seguridad. Esto es una cirugía electiva, no tiene que ver con la inmediatez de la enfermedad. Es más, si el paciente duda a último momento, a horas de intervenirse, la cirugía no se realiza.
- Está en boga el famoso metacrilato de metilo, más conocido por su nombre comercial Metacril, ¿qué riesgos conlleva inyectarse ese producto?
 El Metracil es un producto sintético, no se puede inyectar en cualquier lugar del cuerpo, se usa para relleno de grietas o arrugas en la cara, en bajas dosis. De hecho, viene en jeringas prerellenadas con las dosis exactas. Aunque en realidad lo que inyectan es silicona líquida, que puede esparcirse, y uno de los síntomas es la aparición de nódulos subcutáneos.
La silicona que debe usarse viene en forma de prótesis, en una cápsula que contiene gel, y que a través del tiempo han ido cambiando y mejorando su calidad. Se ha avanzado en este sentido, con cápsulas texturizadas. En tanto el gel tiene una propiedad que evita que se desparrame, son más resistentes y tienen menor complicación, como por ejemplo encapsulamiento. Para que una prótesis se rompa, el paciente tiene que sufrir un traumatismo de tórax. Es imposible si son de buena calidad.
Pero además, hay que detenerse en los procedimientos que se utilizan. Puede haber menor costo, el no uso de anestesia total, la intervención en un sanatorio que no cuente con condiciones de esterilidad, sin control o garantía, prometiendo el mismo resultado que una operación como corresponde, y todo esto lamentablemente termina redundando en el desprestigio de la especialidad.
- ¿Los malos resultados que se han conocido a través de los medios, provocó más dudas o alguna reacción contraria en los pacientes?
No, preguntan acerca de los riesgos y se interiorizan del procedimiento. La primera visita es sólo una charla, que en parte favorece la concientización, porque el paciente sabe en ese encuentro que esto es una operación, que hay que cortar, que implica una herida con la evolución de cualquier otra cirugía, que puede provocar hematomas, edemas, infectarse o abrirse.
- ¿Los análisis previos son los mismos que en cualquier otra cirugía?
Sí, son los mismos. También es necesario saber si el paciente tiene una enfermedad previa que lo pone en riesgo. En ese caso no opero, aunque en otras ciudades sí se hace.
- Esto tiene que ver con las contraindicaciones que puede generar la operación si el paciente no presenta un estado de salud óptimo?
Es relativo, ya que en muchas ocasiones, aún así, la persona está totalmente decidida. Los riesgos aumentan cuando el paciente es añoso, o presenta cardiopatías, enfermedades respiratorias u otras. En este caso, esto no puede realizarse en una clínica de cirugía estética convencional. Sí he participado de este tipo de operaciones, colaborando con mi maestro en la Clínica Suizo Argentina, en Capital Federal,  porque allí se toman los recaudos necesarios para que la persona se haga responsable de su decisión. Además se debe contar con una terapia intensiva preparada para esos fines.
- ¿Hay pacientes que se hacen adictos a la cirugía?
Aquí no sucede eso, tal vez  en Buenos Aires, allí se ven  casos que parecen de otro mundo. Por ejemplo, se pide mucho el procedimiento donde se inyecta la toxina botulínica o botox. Yo trato de disuadir a los pacientes, porque lo considero un esfuerzo innecesario que dura entre 4 o 5 meses y después la piel vuelve a su estado natural.
- Hay rostros que terminan estando irreconocibles cuando se abusa de las cirugías?
Sí, y cuando veo que alguien está buscando un resultado que para mí es imposible, trato de disuadirlo, en todo caso los derivo para que tengan otra opinión.
- ¿Cuánto tiempo lleva el pos operatorio?
Aquí la gente en su mayoría no es ociosa, tiene obligaciones. En las grandes ciudades se ?guardan? tres meses y aparecen divinos en las tapas de las revistas. Generalmente luego de la operación aparecen, por ejemplo, los hematomas. Hay un tiempo biológico que hay que respetar y hay gente que llega marcando los tiempos, y si por alguna razón el hematoma no se va o queda alguna secuela, que son indicios de cualquier pos operatorio mínimo, se produce el reclamo.
- ¿Por qué eligió esta especialidad como opción?
Yo comencé siendo residente de cirugía e hice de todo. Cuando era jefe de cirugía del Hospital de Clínicas conocí al Doctor Ripetta, que era mi jefe y a quien hoy sigo considerando mi maestro. Aprendí mucho de él.
A la cirugía estética la vi como una necesidad de medio. Me inicié haciendo la reparadora, porque a ese hospital llegan cirugías de todo el país y se tratan enfermedades. Se opera con técnicas regladas o preestablecidas, pero no se ven casos de trauma, ya que éstos son derivados a los hospitales municipales.
Ahí surgió la necesidad de saber qué hacer en Villegas cuando llegaban casos de heridos de bala, víctimas de accidentes, y no encontraban respuestas a la realidad que el medio me obligaba. Buscaba los recursos que siempre se tienen, pero a veces no resultaban suficientes. Necesitaba tener experiencia o recursos en trauma. Por lo tanto, empecé a interesarme y aprender. Luego, por ende, llegó la cirugía estética y de la belleza.
Nunca voy a hacer algo por iniciativa propia. Siempre hay alguien que sabe más, siempre puedo remitirme a un lugar de referencia donde pueda estar vinculado e interiorizado acerca de las innovaciones. Jamás haría algo que implique un riesgo para el paciente, y los elementos que utilizo no los reemplazaría por más novedosos que parezcan otros, si antes no lo compruebo. Uno siempre es un educando y la idea también es poder transmitir mis conocimientos.

Fuente:  www.diarioactualidad.com

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