Dieta contra la astenia primaveral

jueves 20 de mayo de 2010

En la primavera, mientras el campo florece, millones de personas tienen la sensación de que su cuerpo se marchita. Debilidad física, cansancio intenso y apatía son las credenciales de la astenia primaveral, un trastorno leve que los expertos estiman que puede afectar del 10 al 50% de la población. Esta sensación de fatiga no es grave, pero reduce la capacidad para realizar cualquier tarea. Una de las soluciones frecuentes es recurrir al consumo de suplementos vitamínicos. Sin embargo, los expertos en Salud y Alimentación de Consumer Eroski aseguran que el mejor remedio no se sirve en cápsulas, sino en platos. Mantener una adecuada alimentación es clave porque ayuda a fortalecer el sistema inmune y contrarrestar la carencia de diversos nutrientes.

El desayuno, consistente

Las sustancias excitantes como el café o el té se pueden sustituir por los equivalentes sin cafeína o por preparados solubles a base de cereales (malta, achicoria...). Los alimentos como el pan o derivados (galletas, cereales, pan tostado, de molde...) son básicos. Es mejor optar por los integrales que aportan más fibra y mayor densidad nutritiva. Añadir el consumo de una fruta fresca como las fresas, ricas en vitamina C, sirve para compensar parte de las necesidades vitamínicas que se han visto aumentadas.

Las comidas, muy verdes

Comenzar cada comida con una ensalada variada es una buena elección. Continuarla con verduras y legumbres frescas como los guisantes hará que los alimentos proteicos (carnes, pescados o huevos) sean el mejor complemento. Y si se termina o comienza la comida con una ración de frutas, el resultado es inmejorable. El café de la sobremesa encuentra un sustituto más acertado en las infusiones digestivas o relajantes.

Cenas, ligeras y tempranas

Las cenas pueden ser más ligeras que en invierno porque se necesitan menos calorías ya que las noches no son tan frías. Se deben tomar al menos dos horas antes de acostarse para que la digestión no interfiera con el sueño y éste pueda ser reparador. Una cena a base de un caldo vegetal o un puré clarito, o una ensalada completa junto con un postre constituyen alternativas saludables para varios días. Cuanta más variedad de hortalizas y verduras incluya la ensalada mayor será la riqueza nutritiva, y esto se traduce en mayor vitalidad y energía.

Agua y picoteo

Mantener el cuerpo bien hidratado es fundamental para contribuir al buen desarrollo de las distintas funciones orgánicas. Favorece la función renal e intestinal y el organismo no se sobrecarga de sustancias de desecho. Tener una botella de agua en un lugar fresco y bien visible es la mejor forma de tomar la cantidad de agua necesaria. Esto se puede complementar con infusiones, zumos y jugos de hortalizas y frutas.
Entre horas se puede optar por alimentos de mayor densidad en vitaminas y minerales: frutas diversas, jugos de hortalizas o de frutas, sándwich vegetales, macedonia de frutas y yogur... No obstante, en ocasiones el consumo de una dieta variada no es suficiente, y es preciso recurrir a un aporte vitamínico o a un mineral complementario. Siempre debe hacerse bajo el asesoramiento de un médico o un dietista.

Frutas, el poder del color

La primavera ofrece un abanico de frutas de diversos colores, la señal distintiva que las caracteriza como alimentos nutritivos y especialmente saludables. El consumo de fruta está relacionado directamente con una reducción de la mayor parte de las formas más comunes de cáncer. Además, ayuda a prevenir el riesgo de enfermedad coronaria y de la mayoría de males crónicos que aparecen con la edad. Los fitoquímicos que contiene la fruta, como el resto de vegetales, le confieren su color, marcan su rol fisiológico y tienen propiedades antioxidantes. A pesar de estar presentes en muy bajas concentraciones, los fitoquímicos constituyen una poderosa defensa para el organismo humano, capaz de propiciar la prevención de numerosas enfermedades como la diabetes, el cáncer, la arteriosclerosis y el infarto entre otras muchas.

El despertar de la variedad

La primavera comienza su andadura con el rojo de las fresas, el mes de mayo da paso a los primeros tonos amarillos de los nísperos, a los que siguen un poco más tarde los melocotones, albaricoques y nectarinas. La vuelta a los tonos rojizos cuando está a punto de comenzar el verano se da a través de las cerezas, ciruelas y sandías. En definitiva, una inundación de colores tras los que se encierra una larga e interesante lista de fitoquímicos, que no puede producir el organismo, y que por lo tanto sólo los podemos obtener mediante la ingesta de alimentos ricos en ellos.

Las antocianinas son las responsables del color rojo o morado de ciruelas negras, fresas, fresones y frambuesas. Estas frutas han sido utilizadas popularmente para mejorar y tratar problemas circulatorios. Hay evidencias de que ciertas antocianinas contienen propiedades antiinflamatorias. Se sabe que tienen la capacidad de prevenir el colesterol malo.
El licopeno tiñe de rojo las frutas y hortalizas. Es un agente central en la reducción de la incidencia de algunos tipos de cáncer como el de pulmón, próstata y tracto digestivo.

Los carotenos dan el color amarillo, naranja y rojizo como el de albaricoques, melocotones y cerezas. El beta-caroteno de las frutas, tras ser absorbido por nuestro cuerpo se transforma en vitamina A o retinol, que resulta esencial para la visión, el buen estado de la piel, los tejidos y para el buen funcionamiento de nuestro sistema de defensas.

CINCO COMIDAS AL DÍA

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) recomienda tomar cinco raciones de frutas y verduras al día, e insiste en que se combinen los distintos colores para asegurar así el aporte de diferentes nutrientes y sustancias fotoquímicas. De hecho, la ingesta de entre 400 y 600 gramos al día de frutas y verduras es la que se asocia con la reducción de la incidencia de la mayoría de tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, infarto y la mayoría de enfermedades asociadas al envejecimiento.

La fruta de primavera permite consumir por lo menos una pieza de cada uno de los grupos de colores que las autoridades sanitarias consideran como imprescindibles para la salud (rojo, naranja/amarillo, verde, morado y blanco). Los colores también son una forma fácil para enseñar a los niños las cualidades de las frutas como alimento que ayuda a crecer y a reforzar las defensas.

Los antioxidantes trabajan juntos. Es decir, en su combinación natural dentro de las frutas, se ayudan unos a otros para realizar sus funciones. Por ello se piensa que los beneficios de una dieta rica en vegetales, vienen en parte, de las complejas mezclas de fitoquímicos que están presentes en los alimentos de forma natural. Así que, entre horas conviene tomar frutas de temporada, ya sean enteras, en macedonia, en licuados; puñados de frutos secos al natural; o tostas de pan integral untado con mantequilla.

Fuente:  www.elcorreo.com

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